Burle Marx, Parque Central, and the Concrete-and-Glass Tepui

Topic:

Architecture, Landscape Architecture, Urbanism

Year:

25 September 2026

Roberto Burle Marx’s landscape design transforms the scale of Parque Central: vegetation, shade, and color engage with one of Caracas’s largest built masses. Between monolith and dwelling, the proposal keeps an essential lesson alive: high density needs nature to become truly habitable.

Parque Central rises as a colossal mass: eight residential buildings, two corporate towers, parking facilities, retail spaces, and an infrastructure conceived as a city within a city. From a distance, the complex resembles a continuous concrete wall standing across the valley, evoking the form of a tepui.

Roberto Burle Marx did not seek to conceal that immensity, but to integrate its severity through vegetation, bringing color, shade, and freshness to the setting. The garden engages directly with the architecture, wrapping the structure as vegetation wraps a tepui, and restoring an accessible, human scale to the concrete.

The parallel with Mount Roraima is clear: an immense stone monolith that is not a desert, since flora inhabits its crevices and embraces it at the base, counterbalancing the rigidity of the rock. Likewise, Parque Central proposes a true nature integrated among its buildings, allowing those who move through or inhabit the complex to perceive the constant presence of land and vegetation.

Burle Marx’s botanical revolution in Venezuela

Roberto Burle Marx became involved with Venezuela in 1956, establishing a far-reaching career in the country as a landscape architect, painter, and naturalist. Moving away from the rigid forms of European landscape design, he developed a style based on organic lines, chromatic blocks, and the expressive use of tropical flora.

Among his most notable interventions in Caracas and across the country are:

  • Parque del Este: conceived with Fernando Tábora and John Stoddart as a public space of meadows, wooded areas, courtyards, and water features.

  • Recreational and residential projects: interventions at La Rinconada Racecourse, the Puerto Azul Club, and private residences such as Inocente Palacios’s house.

  • Urban and institutional spaces: developments with Haruyoshi Ono for the exterior spaces of the Teatro Teresa Carreño and Parque Central.

  • Maracaibo Botanical Garden: oriented toward research, the conservation of tropical dry forest, and scientific outreach in collaboration with local botanists such as Leandro Aristeguieta.

This previous body of work allowed him to approach the scale of Parque Central with a deep understanding of the city’s light, climate, and vegetation.

A city within the city

Begun in 1970 under the leadership of the Centro Simón Bolívar, the architectural project by Henrique Siso and Daniel Fernández Shaw sought to offer an integrated urban experience in the El Conde district. The program included thousands of dwellings across eight towers, two office skyscrapers, retail spaces, sports and cultural areas, and general services.

To mitigate the density of the complex, a network of plazas, walkways, and open platforms was designed. Within this framework, the landscape work functions as a key component of habitability, connecting everyday routes and encounters.

The technical nature of the green gesture

Landscape design at Parque Central involved the challenge of integrating vegetation over slabs and complex structures exposed to air currents and constant shade. Burle Marx and Ono applied criteria of chromatic and textural contrast, arranging plant masses that converse with the architecture and with integrated works of art, such as Gego’s Cuerdas sculpture.

The viability of this concept requires rigorous technical management to ensure appropriate species selection, irrigation, and continuous maintenance.

From monolith to dwelling

Although conceived in an era of major urban expansion, the passage of time has made clear the need for constant maintenance to preserve the balance between the concrete mass and vegetation. Burle Marx’s proposal remains relevant because it reminds us that high-density architecture requires the natural element to enrich the experience of inhabitable space.

By: Hans Ratmiroff







El diseño paisajístico de Roberto Burle Marx transforma la escala de Parque Central: vegetación, sombra y color dialogan con una de las mayores masas construidas de Caracas. Entre el monolito y el habitar, la propuesta mantiene vigente una lección esencial: la alta densidad necesita naturaleza para volverse verdaderamente habitable.

Burle Marx, Parque Central y el tepuy de hormigón y vidrio

Parque Central se erige como una masa colosal: ocho edificios residenciales, dos torres corporativas, estacionamientos, locales comerciales y una infraestructura pensada como una ciudad dentro de una ciudad. Desde la distancia, el conjunto asemeja una pared continua de concreto que se interpone en el valle, evocando la forma de un tepuy.

Roberto Burle Marx no buscaba ocultar esa inmensidad, sino integrar su severidad mediante trazos de vegetación, aportando color, sombra y frescura al entorno. El jardín dialoga directamente con la arquitectura, envolviendo la estructura cual vegetación a un tepuy para devolverle una escala accesible y humana al hormigón.

El paralelismo con el monte Roraima es claro: un enorme monolito de piedra que no es desierto, pues la flora habita sus grietas y lo abraza en la base, contrapesando la rigidez de la roca. De forma análoga, Parque Central plantea una verdadera naturaleza integrándose entre la edificación, permitiendo que quienes transitan o habitan el lugar perciban la presencia constante de la tierra y la vegetación.

La revolución botánica de Burle Marx en Venezuela

Roberto Burle Marx se vinculó con Venezuela a partir de 1956, consolidando una vasta trayectoria en el país como paisajista, pintor y naturalista. Alejado de las formas rígidas del paisajismo europeo, impulsó un estilo basado en líneas orgánicas, bloques cromáticos y el uso expresivo de la flora tropical.

Entre sus intervenciones más destacadas en Caracas y el resto del país se encuentran:

  • Parque del Este: concebido junto a Fernando Tábora y John Stoddart como un espacio público integrado por praderas, zonas boscosas, patios y láminas de agua.

  • Proyectos recreativos y residenciales: intervenciones en el Hipódromo La Rinconada, el club Puerto Azul y residencias particulares como la quinta de Inocente Palacios.

  • Espacios urbanos e institucionales: desarrollos junto a Haruyoshi Ono para los exteriores del Teatro Teresa Carreño y de Parque Central.

  • Jardín Botánico de Maracaibo: orientado al estudio, la conservación del bosque seco tropical y la divulgación científica junto a botánicos locales como Leandro Aristeguieta.

Este recorrido previo le permitió abordar la escala de Parque Central con un profundo entendimiento de la luz, el clima y la vegetación de la ciudad.

Una ciudad dentro de la ciudad

Iniciado en 1970 bajo el impulso del Centro Simón Bolívar, el proyecto arquitectónico de Henrique Siso y Daniel Fernández Shaw buscaba ofrecer una experiencia urbana integral en la urbanización El Conde. El programa comprendía miles de viviendas distribuidas en ocho torres, dos rascacielos de oficinas, comercios, áreas deportivas, culturales y servicios generales.

Para mitigar la densidad del conjunto, se diseñó una red de plazas, caminerrías y plataformas abiertas. En este esquema, el trabajo paisajístico actúa como un componente clave de habitabilidad que articula los recorridos cotidianos.

Lo técnico del gesto verde

El paisajismo en Parque Central representó el reto de integrar la vegetación sobre losas y estructuras compuestas, expuestas a corrientes de aire y sombra constante. Burle Marx y Ono aplicaron criterios de contraste cromático y textural, disponiendo masas de plantas que dialogaban con la arquitectura y con obras de arte integradas, como la escultura Cuerdas de Gego.

La viabilidad de este concepto requiere una gestión técnica rigurosa que asegure la selección adecuada de especies, el riego y el mantenimiento continuo.

Del monolito al habitar

Aunque concebido en una época de gran expansión urbana, el paso del tiempo ha puesto de manifiesto la exigencia de un mantenimiento constante para preservar el equilibrio entre la masa de concreto y la vegetación. La propuesta de Burle Marx mantiene su vigencia al recordar que la arquitectura de gran densidad requiere del elemento natural para enriquecer la experiencia del espacio habitable.

Por: Hans Ratmiroff

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